¿Se despierta y lo primero que hace es mirar Instagram para ver cuántos likes ha recibido su foto durante la noche? ¿Se acuesta y, antes de cerrar los ojos, le echa un vistazo a la actualidad a través de Twitter y Facebook? ¿Mira el móvil compulsivamente, solo «por si acaso»? ¿Entra en ataque de pánico cuando no puede conectarse durante un rato largo? Tiene el que ya se conoce como «síndrome de Kendall Jenner». Y es que, hace solo unos días, la modelo decidió hacer un break en su vida (léase red) social y cerró su cuenta de Instagram para desengancharse. «Necesitaba un descanso. Era lo primero que hacía al despertarme y lo último que veía antes de dormir. Sentí que me había vuelto demasiado dependiente, y no dormía», reconoció en el «Talk Show» estadounidense de Ellen Degeneres. Pero no ha sido la única. El pasado mes de agosto el cantante Justin Bieber borró su Instagram después de protagonizar un enfrentamiento en la red social con Selena Gomez, su ex novia, porque estaban afectándole (y obsesionándole) las críticas que recibía de sus seguidores.

La utilización de estos aparatos genera incapacidades similares a la pérdida de algún sentido: ansiedad, falta de atención, alteraciones en el sueño y el estado de ánimo, tecnofatiga (o agotamiento mental ante el desbordamiento de la información que proporcionan) e incluso el «síndrome de la vibración fantasma», que es tener la sensación en todo momento de que el teléfono está vibrando, aunque esté apagado. Sin olvidar el aislamiento por permanecer sumergido en el entorno virtual.

Curas «tecnodetox»
Este mal, tiene ya nombre -nomofobia- y la primera medida para curarse es reconocer la adicción y aprender a gestionarla. Los terapeutas de Villa Padierna Thermas de Carratraca, basándose en los principios de Daniel Sieberg, han diseñado un programa de 3 días «Stop RRSS», para enseñarnos a administrar favorablemente el tiempo que empleamos en los equipos digitales, y abandonar los hábitos de conducta adictiva. Llanos Espinosa, directora de las Thermas, explica que empieza por una toma de conciencia de las horas que empleamos al día en el mundo virtual y lo que suma a lo largo de un año (3 horas al día de smart phone y algo más navegando por internet supone un mes al año dedicado al mundo virtual).

«En la segunda fase de la desintoxicación se depositan todos los dispositivos en una caja fuerte, pudiendo hacer uso del correo electrónico solo una vez al día», cuenta. «La tercera fase es un análisis real del tiempo que es productivo emplear en las RRSS asesorados por un especialista. Y la cuarta, consiste en re-educar al «adicto» en sus relaciones personales que se han visto sustituidas por sus relaciones virtuales», añade. «Todo esto, combinado con dieta saludable, masajes, caminatas anti-estrés, Watsu, circuito de chorros, y nebulizadores, con las aguas minero-medicinales de este paraíso termal, de propiedades hipotónicas y relajantes, hacen que ‘el mono’ digital desaparezca por completo», asegura. En Barceló Sancti Petri Spa Resort proponen la «Desintoxicación Tecnológica» en una escapada de tres a siete días, en la que se confiscan todos los gadgets nada más hacer el «Check In», para que los huéspedes desde el primer momento, aprendan a no depender de la tecnología. De la mano de un «Mind Guider» (especialista en midfullness), realizan ejercicios de meditación y Qi Gong, que les enseñarán a vivir sin necesidad de revisar sus redes sociales compulsivamente; y un «Fit Setter», que les dirigirá hacia una vida más saludable para superar los efectos físicos de la exposición continuada a la tecnología. ¿El tratamiento estrella? iMass@ge, que acaba con lo que los especialistas denominan como «el dedo en gatillo», un agarrotamiento de los pulgares que hace necesario chasquearlos para no estar molesto.
Belleza

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